lunes, 16 de septiembre de 2019

Plantas que atraen mariposas

En esta época del año, entre finales del verano y principios del otoño, florecen determinadas plantas que actúan de imán para las mariposas. Les ofrecen una abundante provisión de néctar, la principal fuente energética que emplean nuestros preciosos insectos para realizar sus actividades. Dejando aparte varias especies invasoras, como la lila de china, sin duda una de las principales especies atrayentes es la agrimonia o eupatorio Eupatorium cannabinum, en la cual es frecuente ver los ejemplares de mariposa cardera o de pavo real nacidas este verano.






El eupatorio es una planta compuesta de gran porte que crece especialmente en las cercanías de arroyos y riachuelos, aunque no es exclusiva de estos hábitats.


Otra planta que gusta de los lugares húmedos es la arroyuela Lythrum salicaria, que también ejerce de atrayente para varias especies. Entre ellas, los piéridos amarillos como la limonera o la mariposa cleopatra parecen sentir especial atracción por estas flores.




Otro grupo de plantas en el que debemos fijarnos es el de las leguminosas del tipo de la alfalfa, muchas de ellas del género Vicia, frecuente en nuestros prados en esta época. Un tipo de mariposas que se sienten atraídos por estas flores son los abundantes piéridos blancos del género Pieris, como la blanquita de la col Pieris rapae.


Muchas mariposas de pequeño tamaño tienen querencia por estas flores, como sucede con la discreta y parda mariposa orla ancha Ochlodees sylvanus.


Las compuestas de flores amarillas también son buen lugar para observar mariposas en estas fechas. Curiosamente, la mariposa amarilla Colias crocea las frecuenta con asiduidad, componiendo así unos bonitos juegos de color.



Pero sin duda la planta atrayente por excelencia en nuestros prados, porque es una de las más abundantes y porque florece prácticamente durante todo el año, es la centaura Centaurea nigra. Si hacemos un buen calendario natural es probable que podamos fotografiar sobre ella a la mayor parte de nuestras mariposas, como sucede aquí con el bonito licénido ícaro dos puntos Polyommatus icarus.


lunes, 9 de septiembre de 2019

Tarabillas en declive

Una de las especies características de la migración postnupcial en los meses de agosto y septiembre es la tarabilla norteña Saxicola rubetra. Al igual que su pariente local, la tarabilla europea, se suele posar al descubierto, aunque es mucho más tímida y retraída, permitiendo en mucho menor medida el acercamiento. Suele viajar en pequeños grupitos que ocupan los matorrales y cercados de la rasa costera y la media montaña. Las fotos que ilustran esta entrada se corresponden con una pequeña entrada de alrededor de 10 aves a primeros de este septiembre en la zona de Nieva.


La tarabilla norteña es un típico migrante transahariano, anidando bastante extendida por Europa e invernando en la franja del Sahel, justo al sur del Sahara.



Esta especie migradora ha sufrido un fuerte declive en los últimos años. Su hábitat predilecto en muchas zonas de Europa está constituido por los pastizales húmedos, que a partir de las últimas décadas del siglo XX están sufriendo una explotación agrícola cada vez más intensa. Así, estudios realizados en Alemania demuestran que los lugares con un manejo más tradicional mantenían aún un buen éxito reproductivo; sin embargo en aquellos manejados intensivamente la población declina de manera dramática. Se comprueba en estos estudios que la tarabilla norteña sólo mantiene poblaciones estables cuando la siega no comienza antes del 1 de julio.


Por su parte, en Gran Bretaña el declive de las tarabillas norteñas se acerca al 60%. En la isla, la especie ha desaparecido de las zonas más bajas, allí donde la intensificación agrícola es mayor. Además, también se encuentra limitada por la altitud y la orientación del terreno, de tal forma que a partir de cierta altura sólo puede ocupar laderas orientadas al sur o al este. Es por eso que  su distribución actual en esta isla se ve fuertemente constreñida.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Dos caminos que confluyen

En el norte de la Península Ibérica confluyen dos de los principales itinerarios migratorios de las aves costeras. El primero de ellos es el que tiene su origen en el Atlántico Norte y las islas del Ártico Canadiense, bajando al sur vía Islandia y las islas británicas. El correlimos tridáctilo Calidris alba es un claro ejemplo de especie que viaja por esta ruta.




El segundo itinerario, por su parte, tiene su extremo norte en el Ártico Ruso y siberiano, hasta la península de Tamyr. Las aves que viajan por esta ruta continúan por la península escandinava y el oeste de Europa, donde encuentran un buen número de humedales para detenerse. La aguja colipinta Limosa lapponica es un representante de este itinerario.



Ambos caminos continúan a partir de aquí rumbo al oeste de África, que es el punto de destino para una gran cantidad de aves costeras. Esta vía se conoce como la vía migratoria del Atlántico Este, el East Atlantic Flyway, uno de los principales recorrido migratorios en el mundo.



Juveniles de las dos especies tan típicas de ambos itinerarios migratorios se han juntado estos últimos días en la playa de Bañugues, donde se han realizado estas fotos.


jueves, 29 de agosto de 2019

El migrante del carrizal

Entre los migradores postnupciales que cruzan por Asturias, quizá los que pasan más desapercibidos son los que se detienen en la intrincada vegetación de los carrizales que ocupan las rías y estuarios costeros. De ellos, el carricero común Acrocephalus scirpaeus es regular e incluso frecuente, aunque debido a lo peculiar de los hábitats donde aparece sus citas son casi esporádicas. Hoy tuve la suerte de registrar dos ejemplares en el carrizal de Verdicio.



El carricero común ocupa estos ecosistemas de carrizal tanto durante la cría como en la migración, y por eso está firmemente adaptado a las condiciones que dicho hábitat requiere. Así, su coloración es parda y muy discreta, y sus dedos son muy largos, casi prensiles, ideales para agarrarse a los carrizos y prácticamente caminar por ellos.


Los carrizales costeros son desde hace años un lugar preferente para realizar programas de anillamiento, y por ello sabemos bastantes cosas acerca de la migración de esta especie. De las campañas realizadas en Asturias, destacan las del grupo Torquilla en la ría de Villaviciosa y mi compañero Manuel Quintana en el propio carrizal de Verdicio. Así, el carricero común es en nuestros carrizales la segunda especie más frecuente por detrás del carricerín común (mientras que en otras zonas de Iberia es con diferencia la especie más frecuente). Por otro lado, el pico de la migración postnupcial parece situarse claramente en la primera quincena de septiembre.



La gran mayoría de los carriceros comunes que se detienen en Asturias son aves juveniles, nacidas durante el año, y pueden pasar varios días sedimentados, alimentándose y acumulando grasa, en especial los que llegan en estas fechas tempranas, que probablemente no han hecho paradas intermedias. Como en otras especies, y a partir de los datos de recapturas, se aprecia que los ejemplares que pasan por aquí proceden de toda la fachada atlántica europea, desde la Península Escandinava, hasta Francia.

En esta foto podemos comprobar el hábitat ocupado por el carricero y lo complicado que resulta localizarlo,, observándose como una mancha pardusca en medio de la vegetación.



miércoles, 28 de agosto de 2019

Tiempos difíciles

Es una época difícil para los pájaros de nuestros parques y jardines, como el de Ferrera en Avilés. En la última parte del verano muchos de ellos realizan la muda más importante del año, lo cual les lleva a consumir una gran cantidad de energía, y los vuelve más propensos a las enfermedades y la predación.


Por ejemplo los jóvenes de petirrojo, como el de la foto, culminan la muda que iniciaron al poco de independizarse, y que les llevará ya en el mes de septiembre a parecerse a los adultos.


La muda de los ejemplares juveniles suele ser parcial, cambiando por lo general las plumas corporales y algunas coberteras del ala. Sin embargo los adultos sí suelen realizar tras la cría mudas postnupciales completas, cambiando todas las plumas de manera gradual.


El aspecto de las aves en esta época dista mucho de ser el que se puede apreciar durante la cría, como este macho de mirlo. Como ya dije, les supone un gran esfuerzo, además de aumentar su vulnerabilidad. Por eso estos pájaros se vuelven en esta época muy discretos y silenciosos, y son mucho más difíciles de detectar.



Incluso las atrevidas urracas se vuelven más retraídas que de costumbre, su aspecto en esta época es lastimoso, faltándoles en muchos casos buena parte de las plumas de la cabeza.



Por su parte, en nuestros humedales los machos de ánade azulón atraviesan por un largo y prolongado periodo de muda, entre julio y septiembre, que se conoce como "eclipse" dado que pierden por completo su colorido, y se tornan tan marrones como las hembras. Aunque siempre les delatará el pico amarillento.




Los lugares donde reposan suelen estar cubiertos de plumas que son un claro manifiesto de este momento tan importante de sus vidas, como pude comprobar en la charca de Verdicio.



domingo, 25 de agosto de 2019

Migrante escondediza

Seguimos prestando atención a la migración de los paseriformes transaharianos, que durante la época que va de mediados de agosto a fines de septiembre está en pleno apogeo en la campiña costera asturiana. Algunos migrantes son más conspicuos y fáciles de encontrar, como los papamoscas a los que dediqué mi anterior entrada, o las collalbas. Pero para localizar a otros hay que poner un poco más de atención, dado que son más escondedizos. Un ejemplo de esto es la curruca zarcera Sylvia communis, de la que observé unos pocos ejemplares en mi última prospección en Cabo Peñas.


Aunque no es numerosa, la curruca zarcera si resulta regular en este paso migratorio por la costa asturiana. Se reconoce bien por el panel rojizo de sus coberteras alares. Suele mantenerse a resguardo entre el matorral, saliendo poco al descubierto. Además es esquiva e inquieta, moviéndose casi de continuo, y en cuanto nos detecta se esconde casi de inmediato. Estos dos ejemplares que vi en Peñas se movían entre el brezal y me permitieron observarlos durante un tiempo un poco más largo de lo normal.


miércoles, 21 de agosto de 2019

Desde la percha

A partir de mediados del mes de agosto entramos en pleno apogeo de la llamada migración transahariana, que es la que protagonizan aquellas aves que abandona Europa occidental tras haberse reproducido, para alcanzar sus áreas de invernada en África, al sur del Sahara. Aunque hay otros grupos implicados en esta migración, la mayor parte son paseriformes.

Bajo ciertas condiciones, las aves hacen paradas migratorias, momento en el cual podemos registrarlas. Un lugar apropiado para detectar estas paradas es la rasa costera asturiana, donde las aves se detienen con el fin principal de alimentarse y almacenar energía para el siguiente salto en su viaje. Se pueden observar entonces las distintas estrategias que siguen las especies, una de las cuales consiste en acechar a sus presas desde posaderos o "perchas". Nos vamos a fijar hoy en tres especies que practican esta estrategia, las cuales pude observar hoy en Cabo Peñas.

Una dificultad añadida con la que contamos en esta época para la identificación de las aves es que en su mayor parte se trata de juveniles, que carecen de los rasgos distintivos de los adultos. La especie más conspicua quizá, por ser también una de las más frecuentes en migración otoñal, es el papamoscas cerrojillo Ficedula hypoleuca.


El rasgo más llamativo del papamoscas cerrojillo es como se ve su panel alar blanco.



Un pariente suyo que se puede ver en esta época, más escaso, es el papamoscas gris Muscicapa striata. Frente al cerrojillo, carece del panel alar blanco, presentado tan solo una pequeña línea, además del pecho ligeramente listado. También es reconocible tras un poco de práctica su peculiar silueta, ya que suele mantenerse más erguido y derecho que el cerrojillo.



La tercera especie que practica esta estrategia de acechar desde posadero es el bonito colirrojo real Phoenicurus phoenicurus. Como ya comenté, buena parte de las aves que observamos son juveniles, y el colirrojo nos revelará su identidad cuando logremos apreciar el rasgo que le da nombre, su cola de tonos anaranjados.




Aunque en ocasiones se producen disputas por la ocupación de los posaderos, no suele haber mayores problemas, y se puede registrar a las aves muy juntas, como en este caso ambos papamoscas...


o en este el papamoscas cerrojillo y el colirrojo real.


Como ya dije, la función principal de estas paradas es la alimentación y acumulación de energía en forma de grasa, para afrontar con éxito la siguiente etapa de su viaje. Estos paseriformes capturan los insectos que se ponen a su alcance, aunque su presa favorita son los dípteros, moscas y mosquitos, en cuya captura son unos consumados expertos, como bien nos demuestra el joven de colirrojo real.