viernes, 25 de septiembre de 2015

El precio de la migración

Las procellariformes conforman un grupo de aves marinas, entre las que se encuentran las que son probablemente las más viajeras de todas las aves, como los albatros, petreles o pardelas. Muchas no se acercan a tierra más que para reproducirse, viviendo todo el resto del año en mar abierto. Sus migraciones abarcan de un extremo a otro de los océanos y esto, unido a que son muy longevas, pudiendo superar los 40 o 50 años, hace que a lo largo de su vida puedan volar más de un millón de km en muchos casos.


Un ejemplo de ello es la pardela pichoneta Puffinus puffinus. De tamaño pequeño, negra por encima y blanca en las partes inferiores, anida en el Atlántico Norte, en especial en las Islas Británicas, e inverna en el Atlántico Sur, frente a las costas de Brasil y Argentina. La partida de los lugares de cría tiene lugar sobre todo en agosto, y en septiembre se puede observar un gran movimiento migratorio frente a nuestras costas, en especial si las condiciones climáticas son favorables. El pasado día 23 se pudieron ver por ejemplo frente a Punta la Vaca más de 3000 aves en 5 horas según me comenta mi compañero Jorge y tal como puede verse en este enlace.


Pero aunque las pardelas son aves bastante resistentes y longevas, las migraciones son una fase muy difícil para las aves y siempre se cobran un tributo. Aves enfermas o debilitadas no son capaces de completar su viaje y se quedan por el camino. Así, en un recorrido hecho hoy a lo largo de toda la playa de Xagó pude localizar dos pardelas pichonetas muertas. Ellas ya no volverán la próxima temporada a sus lugares de cría.



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