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lunes, 18 de octubre de 2021

Llegan para quedarse

La entrada del mes de octubre supone un cambio importante en el patrón migratorio de las aves que llegan a Asturias. Así, las que se observan durante los meses anteriores nos atraviesan en su mayor parte con África como destino. Sin embargo las que registramos a partir de este mes ya tienen la Península Ibérica como una de sus zonas principales de invernada.


Durante la primera quincena de octubre son dos las especies que destacan especialmente por sus números, el petirrojo y el bisbita pratense. En cuanto al primero, el popular raitán, se ve y escucha prácticamente por todos lados. Existe una numerosa y bien nutrida población local, por lo que es difícil diferenciar entre petirrojos nativos y visitantes. No hay reglas fijas, pero en general los petirrojos locales suelen ocupar todo el año las mismas zonas, parques y áreas con bastante matorral, como bosques de ribera. Los petirrojos foráneos se ven impelidos a ocupar zonas más abiertas, por esa razón son más conspicuos, es habitual empezar a ver petirrojos en esta época donde hasta ahora no había. Los que ilustran esta entrada fueron observados en una ruta hecha este mes por Cabo Negro.



¿De dónde proceden los raitanes que llegan aquí en otoño? Se han recuperado muchas aves anilladas en Europa, y los estudios concluyen que una buena parte procede de la zona de Escandinavia, que prácticamente queda vacía en invierno. Muchos vienen también del oeste de Europa, y muy pocos de las islas británicas, donde los petirrojos son sedentarios o realizan cortos desplazamientos. La migración transcurre en sentido SO y la mayoría llegan aquí tras atravesar el Golfo de Vizcaya.



En cuanto al bisbita pratense, a diferencia del petirrojo llega y se establece en bandos por los prados, en ocasiones de gran tamaño. Estos bandos se componen tanto de aves jóvenes, de tonos muy oliváceos, como adultas, de partes superiores más pardas e inferiores más claras. Esto lo pude comprobar en un grupo de unas 80 aves que observé este fin de semana por Peroño.



El mapa de distribución del bisbita pratense es muy similar al del petirrojo, con una salvedad, su área de cría no comprende la Península Ibérica, así que todos los que se ven ahora son invernantes. Con mucha probabilidad las zonas de origen de los que recibimos aquí son las mismas, con mayoría de la zona escandinava, que también queda vacía en invierno.



La migración del bisbita pratense es sobre todo nocturna, aunque no es infrecuente ver llegar bandos desde la mar en pleno día con condiciones favorables. Colonizan en gran manera todos nuestros prados disponibles, de manera que probablemente durante varios meses es la especie más abundante en suelo asturiano.

Para saber más:

Bueno, J.M. 1998. Migración e invernada de pequeños turdinos en la Península Ibérica. V. Petirrojo (Erithacus rubecula). Ardeola 45: 193–200.


sábado, 7 de noviembre de 2020

Los que van llegando

 A finales de octubre y primeros de noviembre se intensifica la llegada de paseriformes a Asturias. La mayor parte proceden del oeste europeo, desde Francia hasta Escandinavia e incluso Rusia, y aunque algunos están de paso muchos se quedarán ya aquí a invernar y vivir los próximos 4 o 5 meses de su vida. Podemos poner muchos ejemplos, pero aquí van algunos de los más llamativos, retratados en los últimos días en el concejo.

Por ejemplo, las llamadas lavanderas enlutadas, que son la subespecie inglesa (Motacilla alba yarrellii) de la que en Gozón llamamos mariagarcía, la popular lavandera blanca Motacilla alba. Distinguibles por su tonalidad negro azabache, muy llamativa en los machos, se mezclan con la subespecie nominal en los campos y labrantíos del concejo.


¿Cómo no apreciar estos días la insistente llamada del popular raitán o petirrojo por todos lados? La campiña asturiana se llena estos días de raitanes venidos de Europa, que se suman a la población local; cantan con insistencia y pelean mucho entre ellos. Son aves muy territoriales, y conseguir un buen territorio es crucial para sobrevivir al invierno.


Si paseamos junto a un bosque de ribera y levantamos la vista a los alisos, o humeros, podremos localizar ya los primeros grupos de lúganos, o úbanos, alimentándose de las semillas de estos árboles. Son la avanzadilla, ya que la llegada de estos pájaros se prolonga a lo largo de todo noviembre e incluso diciembre. Son aves irruptivas que se van desplazando en función de la disponibilidad de alimento.


Y abajo en los sotos podremos ver también una ingente cantidad de mosquiteros comunes, o pioyines, moviéndose inquietos de un lado a otro, persiguiendo los pequeños invertebrados que vuelan sobre la superficie del agua. En invierno se extienden por todo el territorio, convirtiéndose en una de las especies más numerosas de Asturias.


Como digo, son sólo unos pocos ejemplos, hay muchos más, esperemos ir descubriéndolo en los próximos meses.



jueves, 14 de mayo de 2020

La vida sigue su curso

Mientras nosotros permanecíamos confinados, enfrentando al más pequeño de los enemigos posibles, ahí afuera la vida seguía su curso, tal vez más tranquila y sosegada sin nuestra presencia. Nuestras aves se encuentran en la etapa más decisiva de su existencia, la que hace perdurar la vida, la época reproductora.

Ahora que hemos salido por fin podemos constatarlo. Así, el mirlo común es una especie muy temprana y ya observamos los primeros jóvenes volanderos del año, en los parques. Son totalmente independientes y se alimentan por sí mismos. Sus progenitores pueden estar ya pensando en una segunda nidada.


Otra especie temprana es el mito, y también se registran ahora los primeros volantones. Sin embargo los mitos formarán grupos familiares de aquí a la siguiente época reproductora, y no criarán más.


Los pollos de ánade real son nidífugos, y desde que nacen recorren las zonas acuáticas que conforman su hogar al cuidado de su madre, muy raramente de sus dos padres. A esta pareja sólo le quedan dos niños, el resto habrá sucumbido a los múltiples peligros que les acechan.


La mayor parte de nuestra avifauna sedentaria tiene su primera pollada en el nido, y los adultos están muy ocupados buscando alimento para ellos. Por ejemplo el herrerillo común


su primo el carbonero común


el simpático petirrojo


o la llamativa lavandera cascadeña.


Por contra, las aves llegadas desde África llevan algo de retraso, y aún tienen tiempo para hacer otras tareas vitales, como cantar en el caso del zarcero políglota...


o posarse en los cables y acicalar su plumaje en el caso de la golondrina común.


Todas estas fotos han sido tomadas en el entorno de la ciudad de Avilés estos primeros días del desconfinamiento, demostrando que no hace falta irse muy lejos para disfrutar del tremendo espectáculo de la naturaleza.

sábado, 21 de diciembre de 2019

La vida en el parque

A finales de otoño y en invierno la vida bulle en los parques urbanos. Muchas aves encuentran en estos emplazamientos un refugio ideal para superar esta estación, porque les ofrece un montón de recursos, bien sean alimenticios o de refugio. Además, en los parques urbanos están menos expuestas a los depredadores, y normalmente la temperatura es superior a la que encontrarían en otras áreas más abiertas y expuestas.

Por esta razón los parques urbanos son excelentes lugares para pajarear en esta época del año, y familiarizarnos con un buen número de especies. Así, el suelo es el dominio favorito de los verderones y pinzones vulgares, que gustan de rebuscar las semillas caídas de árboles como los fresnos o los tejos.





Por su parte los jilgueros prefieren alimentarse de las semillas de las plantas compuestas.


Las urracas aprovechan cualquier recurso disponible, como por ejemplo los frutos de caqui caídos en el suelo.


Los petirrojos rebuscan también incansables en el suelo, siempre en el perímetro de su pequeño territorio, del cual no se alejan en todo el invierno.


La gran paloma torcaz se ha hecho cada vez más frecuente en los parques urbanos, y también gusta de rebuscar en el prado.


Y siempre que tengamos una corriente de agua, por pequeña que sea, seguramente nos toparemos con alguna lavandera cascadeña.


Rebuscando en los troncos nos podemos encontrar con una especie muy distintiva, y que normalmente pasa desapercibida, el agateador europeo.


Los zorzales alirrojos se encuentran en pequeños grupos, y aguantarán en el parque mientras duren las bayas de las cuales se alimentan casi en exclusiva.


El pequeño e inquieto reyezuelo listado es partidario de los pequeños arbustos de hoja perenne, en los cuales encuentra refugio e infinidad de pequeños invertebrados.


Mientras, el carbonero garrapinos es uno de los equilibristas del parque, colgándose de manera inverosímil de las ramitas terminales de los árboles para picotear en el envés de las hojas.


Esta es una muestra de las especies que podemos encontrar en esta época en los parques urbanos, en concreto los de Avilés, que oscila entre las 20 y 30.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Tiempos difíciles

Es una época difícil para los pájaros de nuestros parques y jardines, como el de Ferrera en Avilés. En la última parte del verano muchos de ellos realizan la muda más importante del año, lo cual les lleva a consumir una gran cantidad de energía, y los vuelve más propensos a las enfermedades y la predación.


Por ejemplo los jóvenes de petirrojo, como el de la foto, culminan la muda que iniciaron al poco de independizarse, y que les llevará ya en el mes de septiembre a parecerse a los adultos.


La muda de los ejemplares juveniles suele ser parcial, cambiando por lo general las plumas corporales y algunas coberteras del ala. Sin embargo los adultos sí suelen realizar tras la cría mudas postnupciales completas, cambiando todas las plumas de manera gradual.


El aspecto de las aves en esta época dista mucho de ser el que se puede apreciar durante la cría, como este macho de mirlo. Como ya dije, les supone un gran esfuerzo, además de aumentar su vulnerabilidad. Por eso estos pájaros se vuelven en esta época muy discretos y silenciosos, y son mucho más difíciles de detectar.



Incluso las atrevidas urracas se vuelven más retraídas que de costumbre, su aspecto en esta época es lastimoso, faltándoles en muchos casos buena parte de las plumas de la cabeza.



Por su parte, en nuestros humedales los machos de ánade azulón atraviesan por un largo y prolongado periodo de muda, entre julio y septiembre, que se conoce como "eclipse" dado que pierden por completo su colorido, y se tornan tan marrones como las hembras. Aunque siempre les delatará el pico amarillento.




Los lugares donde reposan suelen estar cubiertos de plumas que son un claro manifiesto de este momento tan importante de sus vidas, como pude comprobar en la charca de Verdicio.



sábado, 20 de julio de 2019

Camudando el plumaxe


Los xóvenes de raitán dexen el ñeru en xunu y xunetu, y pasaos unos díes faense independientes de los sos pas. Nesi momentu son bien distintos de la imaxen que tenemos na cabeza de lo que ye un raitán, pero agora tan ya entamando a camudar el plumaxe, y ya se pué adivinase la marca naranxa del rostru y el pescuezu, como el exemplar de les semeyes que puede agüeyar güei.

Los jóvenes de petirrojo dejan el nido en junio y julio, y tras unos días se hacen independientes de sus padres. En ese momento son muy distintos de la imagen que tenemos en la cabeza de lo que es un petirrojo, pero ahora ya están empezando a mudar el plumaje, y ya se puede adivinar la marca naranja de la cara y el cuello, como el ejemplar de las fotos que pude observar hoy.


Esta ye la época de muda pa los raitanes, un tiempu del añu muy delicau, y por eso pasen munchu tiempu al esconderite entre la biesca. Los adultos faen una muda completa, pero los xuveniles namás que faen una muda parcial, de les plumes del cuerpu y algunes coberteres de les ales. La muda fina pal mes de agostu o setiembre, y ya pa entós tornarán a canciar y facese notar como solo ellos saben facer.

Ésta es la época de muda para los petirrojos, un momento del año muy delicado, y por eso pasan mucho tiempo al escondite entre la vegetación. Los adultos hacen una muda completa, pero los juveniles sólo hacen una muda parcial, de las plumas del cuerpo y algunas coberteras de las alas. La muda termina en el mes de agosto o septiembre, y para entonces volverán a cantar y hacerse notar como solo ellos saben hacer.