Casi sin darnos cuenta, en este año marcado por la pandemia, las aves han completado la época de reproducción, y muchas de ellas han comenzado su migración postnupcial. Las aves terrestres se empiezan a mover a partir de mediados de julio, y las que primero lo hacen son los migrantes transaharianos, los que se dirigen más allá del desierto del Sahara a pasar el invierno.
Así, desde finales de dicho mes de julio son notables las concentraciones de golondrina común en los cables, como esta de unas 70 aves que detecté en la zona de Nieva.
En estas concentraciones se reúnen tanto aves adultas como juveniles del año, éstos últimos aprenden de sus mayores técnicas de alimentación y vuelo, y además se familiarizan con el entorno donde si son afortunados (un 20% aproximadamente) volverán el año que viene para criar.
Por su parte, también a partir de mediados de julio nuestros vencejos comunes se ponen en marcha. Una vez que los juveniles son capaces de valerse por sí mismos su sonido inconfundible deja de escucharse en pueblos y ciudades. En agosto se observan buenas concentraciones migratorias en puntos favorables de la costa y la montaña.
También comienzan a verse los migrantes que proceden de Europa y que no crían aquí. Por ejemplo los mosquiteros musicales, el ave más frecuente en la migración postnupcial con diferencia, seguramente varios cientos de millones. Hoy sorprendía a uno de los primeros también en la zona de Nieva, alimentándose activamente.
Para el mosquitero, igual que para otros migrantes transaharianos, ésta es la primera avanzadilla. Una vez transcurridos varios días del mes de agosto llenarán la campiña cantábrica, un enclave de gran importancia para alimentarse y recobrar fuerzas en el periplo que les conducirá a sus cuarteles de invierno.
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martes, 4 de agosto de 2020
viernes, 31 de julio de 2015
Se marchan
Igual que flechas negras surcando los aires, tan sólo han permanecido tres meses con nosotros, el tiempo justo para completar su cría. Allá por finales de abril llegaban los primeros, y ahora a finales de julio la mayor parte de ellos nos abandonan. Apenas se escuchan ya sus chillidos incesantes al caer la tarde, que hasta hace bien poco llenaban las calles de nuestros pueblos y ciudades. A partir de ahora los cielos estarán un poco más vacíos, y las nubes más sólas. Se van los vencejos.
Al igual que pasa con otras muchas aves, las nuevas tecnologías nos están permitiendo descubrir muchos aspectos de su biología que hasta ahora eran para nosotros un enigma. Así, los estudios de radiomarcaje han desvelado que nuestros vencejos pasan buena parte del año, otoño e invierno, en el este de África, volando sin cesar sobre amplias áreas de sabana donde encuentran una buena provisión de plancton aéreo, su principal alimento. Como hacen aquí, vuelan sin detenerse jamás, remontándose al atardecer para dormir suspendidos a miles de metros sobre el suelo.
Aún se pueden encontrar pequeñas concentraciones de vencejos, hasta los primeros días de agosto. Las fotos de esta entrada pertenecen a una de ellas, de 35 aves, que registré hace unos pocos días en los acantilados de Nieva. Incluso los más rezagados se observan hasta primeros de septiembre, muchas veces mezclados con golondrinas o aviones comunes, a los que se asocian para ir acompañados en su migración. Pero la gran mayoría nos deja por estas fechas.
Al igual que pasa con otras muchas aves, las nuevas tecnologías nos están permitiendo descubrir muchos aspectos de su biología que hasta ahora eran para nosotros un enigma. Así, los estudios de radiomarcaje han desvelado que nuestros vencejos pasan buena parte del año, otoño e invierno, en el este de África, volando sin cesar sobre amplias áreas de sabana donde encuentran una buena provisión de plancton aéreo, su principal alimento. Como hacen aquí, vuelan sin detenerse jamás, remontándose al atardecer para dormir suspendidos a miles de metros sobre el suelo.
Aún se pueden encontrar pequeñas concentraciones de vencejos, hasta los primeros días de agosto. Las fotos de esta entrada pertenecen a una de ellas, de 35 aves, que registré hace unos pocos días en los acantilados de Nieva. Incluso los más rezagados se observan hasta primeros de septiembre, muchas veces mezclados con golondrinas o aviones comunes, a los que se asocian para ir acompañados en su migración. Pero la gran mayoría nos deja por estas fechas.
miércoles, 4 de junio de 2014
Cuando comienza junio
Cuando comienza junio, muchos de nuestras aves están ocupadas criando sus polluelos. En esta tarea las parejas suelen repartir sus esfuerzos, y así la hembra dedica más tiempo a su alimentación, mientras que el macho permanece alrededor del nido, controlando su pequeño territorio. Por eso cuando comienza junio es mucho más fácil detectar a los machos que a las hembras.
Esto ocurre, por ejemplo, con nuestra pequeña lavandera boyera,
o con el mirlo
también con el verderón
y el verdecillo.
Cuando comienza junio, algunos pajarillos han sacado adelante su primera generación. Por ejemplo, el carbonero común
en el que los pollos volanderos persiguen continuamente a los adultos con su reclamo continuo e insistente.
Lo mismo ocurre con los jilgueros, en los que podemos distinguir los polluelos recientes por la ausencia de rojo en la cabeza.
Cuando comienza junio, los pollos de tarabilla europea ya llevan varios días fuera del nido, están crecidos y sus padres pronto pasarán de ellos para fundar una segunda familia.
Cuando comienza junio, los vencejos ya llevan más o menos un mes entre nosotros y llenan los aires con sus incesantes chillidos a la busca de insectos.
Por encima de ellos, las parejas de busardo ratonero ciclean por encima de su territorio, los pollos ya están crecidos y pronto abandonarán el nido.
En la ciudad, cuando comienza junio, la mamá de colirrojo tizón reclama continuamente cerca del agujero donde ha criado a sus pollos, invitándolos a enfrentar el mundo exterior.
En definitiva, cuando comienza junio estamos sumidos en plena etapa reproductiva y todo, absolutamente todo, gira en torno a este momento clave.
Esto ocurre, por ejemplo, con nuestra pequeña lavandera boyera,
o con el mirlo
también con el verderón
y el verdecillo.
Cuando comienza junio, algunos pajarillos han sacado adelante su primera generación. Por ejemplo, el carbonero común
en el que los pollos volanderos persiguen continuamente a los adultos con su reclamo continuo e insistente.
Lo mismo ocurre con los jilgueros, en los que podemos distinguir los polluelos recientes por la ausencia de rojo en la cabeza.
Cuando comienza junio, los pollos de tarabilla europea ya llevan varios días fuera del nido, están crecidos y sus padres pronto pasarán de ellos para fundar una segunda familia.
Cuando comienza junio, los vencejos ya llevan más o menos un mes entre nosotros y llenan los aires con sus incesantes chillidos a la busca de insectos.
Por encima de ellos, las parejas de busardo ratonero ciclean por encima de su territorio, los pollos ya están crecidos y pronto abandonarán el nido.
En la ciudad, cuando comienza junio, la mamá de colirrojo tizón reclama continuamente cerca del agujero donde ha criado a sus pollos, invitándolos a enfrentar el mundo exterior.
En definitiva, cuando comienza junio estamos sumidos en plena etapa reproductiva y todo, absolutamente todo, gira en torno a este momento clave.
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domingo, 17 de julio de 2011
La lucha de un vencejo
Ayer día 16 de julio pude escuchar un sonido muy llamativo desde mi casa, en Avilés. Cuando me asomé a la ventana para ver qué lo producía me encontré una escena dramática, uno de los ejemplares de vencejo común Apus apus que cría en el alero del tejado se había quedado enganchado por un hilo y luchaba denodadamente por desengancharse.
Los vencejos son aves eminentemente aéreas, pasan su vida entera volando y alimentándose del plancton aéreo, minúsculos insectos e invertebrados que flotan impulsados por las corrientes térmicas. Es muy típico observar en los pueblos y ciudades grupos de estas aves chillando incesantemente. Sólo se posan en los tejados y aleros con ocasión de la cría de sus polluelos. Su color es oscuro, destacando tan sólo una mancha en la garganta de color claro.
En el concejo de Gozón, y por extensión en Asturias, los vencejos apenas permanecen el tiempo suficiente para reproducirse, llegan a finales de abril o primeros de mayo, y entre finales de julio y primeros de agosto retornan a África. Durante este periodo pueden protagonizar lo que se llama “fugas de tempero”, si se suceden varios días lluviosos que hacen disminuir o incluso desaparecer su fuente de alimento, se desplazan hacia zonas más cálidas, dejando de observarse en nuestras latitudes, y retornando cuando el tiempo mejora.
Y esto es probablemente lo que le sucedió a mi vencejo, ya que durante esta semana se produjo la entrada de un frente atlántico con tres días continuados de lluvias. Como otros de sus compañeros, se tuvo que marchar en busca del sol, y al retornar se encontró con una desagradable sorpresa. La lluvia había arrastrado un hilo por el canalón donde el vencejo accede al alero, hilo con el cual tuvo la mala fortuna de engancharse, quedando literalmente colgado.
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